Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Wearables, los aliados para la salud pública

Son un gran aliado para los individuos e, incluso, en algunos países los médicos han comenzado a “recetarlos” para tener un monitoreo de tiempo completo de algunos de los factores de riesgo de los pacientes o de hábitos que podrían ser nocivos para su salud.

Las nuevas tecnologías nos han permitido alcanzar un desarrollo exponencial, transformando nuestra manera de vivir el día a día. Los avances permiten que los productos tecnológicos se vuelvan más baratos y se democraticen, quedando cada vez al alcance de más personas. Por supuesto, hay estratos sociales que siguen siendo sistemáticamente excluidos, pero con el tiempo la tecnología permea y se vuelve asequible para un mayor número de personas. De aprovechar esta dinámica, podríamos transformar la situación en el mundo.

Una de las áreas que se pueden mejorar con ayuda de las nuevas herramientas tecnológicas es la de la salud, un sector que la pandemia nos recordó que es primordial y jamás debe volver a ser descuidado. Para ello, se cuenta con un inesperado aliado que permitiría tener un mayor alcance para el sistema de salud: los accesorios inteligentes.

Estos artefactos, conocidos también como wearables, permiten monitorear los signos vitales, el desempeño físico y en algunos casos, los hábitos alimenticios, de sueño y de actividad física.  Adicionalmente, analizan, reportan y transmiten información utilizando la nube y el internet. Actualmente, los podemos encontrar en muchas presentaciones: desde audífonos y bandas para la cabeza hasta los más populares que son los relojes y pulseras inteligentes, pasando por parches para la piel y microcámaras.

Cada uno de estos accesorios cuenta con posibles funcionalidades para monitorear la salud. Imagina, que tu reloj tenga el potencial de revisar tu estado de salud general y tu condición física sin necesidad de ir al médico salvo en casos específicos: logrando registrar cambios en tu ritmo cardiaco, deficiencias en tu sistema respiratorio y desórdenes en tus patrones de sueño. Aunado a eso, puedes tener alrededor de tu muñeca recordatorios que te motiven a activarte en un mundo en el que cada vez pasamos más tiempo sentados, buscando romper con hábitos sedentarios a través de acciones tan sencillas como estirar los músculos o dar unos cuantos pasos. Probablemente, en poco tiempo, serías más consciente del funcionamiento de tu cuerpo y cómo optimizarlo, creando rutinas más benéficas.

Esto es especialmente relevante en México, un país donde casi el 60% de la población mayor de edad no realiza ningún tipo de deporte o ejercicio en su tiempo libre, teniendo como resultado una alta prevalencia de sobrepeso y obesidad tanto en niños como adultos. La situación era ya grave antes de la pandemia, pero el confinamiento por el COVID-19 ocasionó un incremento de 15% en los casos de sedentarismo registrados por el Instituto Nacional de Salud Pública. Esta situación fue el resultado de reducir nuestro movimiento y acostumbrarnos a no salir de casa y puede traer grandes consecuencias para nuestra salud en el corto y mediano plazo.

Los wearables son un gran aliado para los individuos e, incluso, en algunos países los médicos han comenzado a “recetarlos” para tener un monitoreo de tiempo completo de algunos de los factores de riesgo de los pacientes o de hábitos que podrían ser nocivos para su salud. Sin embargo, si nos quedamos en este nivel, desaprovechamos el potencial de combinar estos aparatos con una de las megatendencias tecnológicas modernas: el BigData.

El análisis de indicadores de salud personales puede hacer maravillas para transformar la vida de quienes utilicen estos dispositivos y ayudar al personal de salud a tratar casos específicos. El análisis de indicadores colectivos, obtenidos a través de una minería de datos ética que permita conocer el comportamiento general en la población podrían ayudar a identificar condiciones de salud alarmantes y permitir tomar medidas de política pública más adecuadas a la realidad de las personas. De igual manera, gestionar este tipo de datos podría llegar al extremo de alertarnos de una nueva enfermedad o potenciales brotes de contagios, identificando a través de los síntomas que pueden registrar estos dispositivos.

El alcance de esta posibilidad para la salud pública aún es limitado, pues en septiembre del año pasado se estimaba una penetración de estos dispositivos de apenas el 10% de la población mexicana mayor de 12 años. Sin embargo, nos encontramos ante un gran momento de planificar a futuro y diseñar un mapa de ruta que permita aprovechar esta tecnología para alcanzar el anhelado sistema de salud que sea realmente universal y eficiente, en el que además cada persona sea más consciente de las necesidades y los límites de su cuerpo.

Para ello, se puede comenzar por revisar y actualizar las regulaciones de la calidad y privacidad de los datos obtenidos a través de los wearables, además de incentivar su uso como parte de las estrategias para el cuidado de la salud y la prevención de enfermedades no transmisibles. Prevenir y monitorear no solo salva vidas y mejora la calidad de vida, también permite ahorrar presupuesto que ahora se destina a tratar enfermedades  que podría ser aplicado en investigaciones, desarrollos tecnológicos y, claro, modernización de infraestructura hospitalaria. No debemos olvidar que nuestro país se encuentra ante un panorama precario en términos de salud pública, provocado en su mayoría por los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo… ¿Por qué no empezar a ingeniar soluciones que utilicen la tecnología, que además es tendencia, de la mejor manera posible?

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo