Culiacán, Sinaloa.- Mientras que las cifras nacionales mostraron una reducción en los homicidios contra niñas, niños y adolescentes durante 2025, Sinaloa se mueve en sentido contrario.

Los datos más recientes del Balance Anual de la Red por lo Derechos de la Infancia en México (REDIM) confirman que el Estado no solo registra un aumento sostenido de homicidios contra personas menores de 18 años, sino que ese incremento ocurre con una letalidad cada vez mayor y un uso de armas de fuego.

Entre enero y noviembre de 2025, en México se contabilizaron 1,991 homicidios de personas de entre 0 y 17 años, una disminución de 11.5 por ciento con respecto al mismo periodo de 2024. Los homicidios dolosos bajaron 23.2 por ciento y los cometidos con armas de fuego descendieron 21.9 por ciento, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Sinaloa, sin embargo, fue la excepción. 

En 2023, la Entidad registró 58 homicidios de niñas, niños y adolescentes. En 2024 la cifra subió a 67 y en 2025 alcanzó 90 víctimas, lo que colocó a Sinaloa en el octavo lugar nacional.

Este aumento no solo se dió en este tipo de delito, también se reflejó en el arma utilizada para cometerlos. En 2025, 53 personas menores de edad fueron asesinadas con armas de fuego en Sinaloa. Dos años antes, en 2023, habían sido sólo seis. En 2024, la cifra ya había escalado a 18. En apenas un trienio, el incremento fue de casi 800 por ciento, posicionando al estado en el tercer lugar nacional, sólo detrás de Guanajuato y Michoacán.

La guerra que no se nombra

Para Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes Infancia en México, el problema comienza cuando se evita nombrar el contexto en el que ocurre está violencia.

“No estamos hablando del elefante en la habitación”, advirtió.

“México lleva más de 20 años en una guerra que alimenta una economía armamentista, con armas que se venden tanto al Estado como a los grupos criminales y todas originarias de Estados Unidos. Eso no es especulación, es evidencia”.

Desde su lectura, los homicidios de niñas, niños y adolescentes no pueden entenderse como hechos aislados ni como decisiones individuales. Forman parte de una dinámica de guerra y control territorial, donde las infancias se convierten en víctimas directas y, en muchos casos, en fuerza reclutada.

“En toda guerra necesitas armas, pero también necesitas quién dispare. Ahí entra el reclutamiento. Por eso vemos adolescentes con uniforme escolar usados como informantes o jóvenes llevados a otros estados para pelear”.

Para Pérez García no es coincidencia que los primeros tres lugares en este tipo de delito contra las infancias sean Guanajuato, Michoacán y Sinaloa. Estas tres entidades federativas, desde su análisis, apunta a la fuerte presencia de grupos delictivos en disputa por el territorio o control de operaciones: Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Cártel de Santa Rosa de Lima en el caso de Guanajuato; La Familia Michoacana, La Nueva Familia Michoacana y CJNG en Michoacán; las facciones de La Mayiza y Los Chapitos, disputando el control del Cártel de Sinaloa en este último estado.

“El tema es que están en disputa los territorios, esencialmente por los dos cárteles más relevantes, con más capacidad de fuego, más implicaciones corruptas: El Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación. Eso no significa que en el resto de estados o entidades federativas no esté el narco o los grupos criminales o estas redes de macro criminalidad operen, pero puede que algunas de las facciones de los distintos grupos criminales domina el entorno, tengan ya control territorial”, precisó el también defensor de derechos humanos de la niñez.

En este sentido, señaló que en el caso del crecimiento de homicidios con arma de fuego contra menores apunta a una realidad inquietante y es que las infancias cada vez están más cerca de la violencia armada. No solo como, mal llamadas dijo, víctimas colaterales, sino como parte de territorios disputados y economías ilícitas consolidadas.

“Cuando no se desmantelan las redes de macrocriminalidad”, advierte Pérez García, “la guerra solo se desplaza, pero no termina. Y las principales víctimas siguen siendo infancias, mujeres y jóvenes”.

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