El Verde, Concordia.- En las puertas de La Clementina, un fraccionamiento dentro de Concordia, cabecera del municipio con el mismo nombre, posan cinco coronas fúnebres y 12 veladoras. Es una ofrenda floral en nombre de José Ángel Hernández Vélez, Ignacio Aurelio Salazar Flores, José Manuel Castañeda Hernández, José Antonio Jiménez y Jesús Antonio de la O, empleados de la minera canadiense Vizsla Silver.
La ofrenda cubre parte de la puerta de entrada al lugar que funcionaba como campamento minero, a donde el viernes 23 de enero un grupo armado vinculado con “Los Chapitos” entró para llevarse a 10 empleados y asesinar a -por lo menos- cinco de ellos y luego enterrarlos en fosas clandestinas en un pueblo llamado El Verde, a unos 15 kilómetros del lugar.

De no ser por la brutalidad de la noticia, quien fuera al pueblo vería sus detalles pintorescos, pero al final de este, junto al panteón, hay una zona de muerte, un posible campo de extermino de donde han sacado ya más de 14 cuerpos, entre ellos los de los hombres identificados de Vizsla Silver, a los que hoy se les reza.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana ha informado que se llegó al lugar por denuncias ciudadanas, también que con la detención de cuatro miembros de una célula criminal vinculada a “Los Chapitos” se pudo dar con exactitud con el sitio el jueves 5 de febrero.
Primero fueron un par de fosas, de ahí sacaron 10 cuerpos. Conforme pasaron los días se encontraron cuatro fosas más. La Fiscalía General de Sinaloa informó de la exhumación de cuatro cuerpos entre el lunes 9 y martes 10 de febrero. Camionetas del Servicio Médico Forense se mantienen entrando y saliendo de la zona, pasando frente a un campamento improvisado de mujeres buscadoras de distintos colectivos, como Tesoros Perdidos, Uniendo Corazones y Por las voces Sin Justicia. Han permanecido en la zona a la espera de poder participar en las búsquedas y en las identificaciones de los cuerpos exhumados.
“Queremos ir allá, para decirles que les hagan el ADN a los cuerpos viejos que sacaron, quién quite y ahí está mi hijo”, dijo la señora Tomasa Jáuregui Valdivia, madre de Jaime Roberto Cristerna Jáuregui, joven desaparecido el 16 de noviembre de 2019 en Mazatlán, Sinaloa.

La Guardia Nacional ha colocado tres filtros de seguridad. Es prácticamente imposible entrar al sitio si no se es parte de la Fiscalía General de la República o de la Comisión Nacional de Búsqueda. La única certeza que tienen las familias es que se tiene es que a un kilómetro de la zona de entrada se siguen sacando cuerpos de la tierra.
“Yo quisiera entrar a ver allá adentro, a ver en realidad cuántas fosas hay, cuántos cuerpos han sacado. Yo quiero verlo por mí misma, que no nos diga Fiscalía, FGR lo que ellos vieron. Yo quiero verlo por mí misma. Quiero descartar que no esté mi hermano en una fosa de esas”, señaló Alicia Gómez, hermana de Kevin Osbaldo Gómez, joven desaparecido el 13 de junio de 2025 en Mazatlán, Sinaloa.
Las mujeres buscadoras llevan en sus celulares imágenes con coordenadas y posibles fosas clandestinas, que si se ponen en un mapa les indica que cerca de ellas podrán rastrear, aunque les es limitado. Tienen que esperar hasta que se vayan las autoridades y no hay señal para cuándo.
“Si es como han dicho, hay cientos ahí adentro, pero no podemos hacer nada hasta que nos dejen entrar o que por lo menos nos den información”, dijo Marisela Carrizales, quien busca a Ismael Alejandro Martínez desde el 12 de julio del 2020, tras haber sido desaparecido en Mazatlán, Sinaloa.

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Concordia es un referente obligado para los turistas que viajan a Mazatlán. Los pueblos como Copala, Zavala, Pánuco y El Verde suelen ser los destinos para quienes quieren ver casas viejas, comer antojitos locales, comprar muebles de madera y figuras de barro. Normalmente se muestra en los catálogos de tours de las compañías promotoras turísticas, pero ahora pinta distinto. Esta semana inicia el Carnaval de Mazatlán, a unos 40 kilómetros de Concordia, pero esas recomendaciones ya no son la opción. Los pueblos pintorescos se han convertido en un referente de violencia, con calles semivacías, silenciosas y con vecinos atentos a los únicos visitantes: militares y policías montados en camionetas del Ejército, la Guardia Nacional, la Marina y el Servicio Médico Forense.

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