En el programa de eventos que se realizan con motivo del Carnaval de Mazatlán ocurren al mismo tiempo las celebraciones que entretienen a los ciudadanos y los hechos de violencia que aportan a que el temor y la sensación de desamparo permanezcan en ciudadanos y sectores productivos, transcurriendo así paralelamente los operativos de la fuerza pública y la acción criminal.
Tienen razón los dirigentes empresariales que, como es el caso de Verónica Estrada Osuna, presidenta de la Confederación Patronal de la República Mexicana en Mazatlán, solicita que se amplíe el plazo de permanencia del despliegue militar y policías que es implementado por el Carnaval, sin embargo, los casos de inseguridad continúan.
En el marco de la principal fiesta de los mazatlecos ayer fue reportado en el puerto el asesinato de dos personas en el sector Real del Valle, sobre el Parque Lineal, en las inmediaciones de la glorieta Los Cantaritos, no obstante el blindaje anunciado por el gobierno y la toma de confianza de la población para asistir a los primeros eventos de la cartelera carnavalera.
Esto significa que por más numerosa que sea la fuerza pública y por alta que se sitúe la expectativa de las autoridades en cuanto a la seguridad de los lugareños y turistas, el operativo de resguardo al Carnaval debe ser evaluado y reforzado ante cada situación de riesgo, anticipándose a la sorpresiva posibilidad de hechos de sangre que ocasionan temor y enojo.
Garantizar el seguro acontecer del Carnaval no es cosa de discursos, cálculos o excesos de confianza sino cuestión de efectividad que se traduzca en legalidad y orden para la paz. La seguridad de Mazatlán debe ser para toda la ciudad y sectores de la población evitando la vieja práctica de zona turística sobreprotegidas y colonias populares dejadas a merced de criminales.

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