Culiacán, Sin.- Culiacán, una ciudad que ha estado bajo una crisis de violencia desde el estallido de una guerra interna en 2024 entre dos fracciones del crimen organizado, ha permanecido como un reto para las autoridades locales en la recuperación de las cifras de percepción de seguridad de años anteriores. En este contexto, ¿Cómo es posible construir la paz en una ciudad como Culiacán?

La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) propone construir la paz en Culiacán mediante la reconstrucción del tejido social, fortalecer la educación desde casa y reforzar valores como el respeto, la responsabilidad y la empatía.

“El que lo contengamos, el que logremos mantener después, no mantener, sino rescatar la ciudad, no quiere decir que no vuelva a pasar. Necesitamos ahorita, como aprendizaje, voltear a ver cuál es la educación que estamos dando nosotros.

¿Qué cambio de cultura necesitamos implementar desde la niñez, la juventud y en los adultos? Es integral. Para nosotros, ahorita más que nunca, necesitamos enfocarnos en la reconstrucción del tejido social”, mencionó Martha Reyes, presidenta de Coparmex Sinaloa.

Plantea que debe ser una meta social dejar de sembrar en las infancias, adolescencias y juventudes la idea de la narcocultura como sinónimo de éxito dentro de la sociedad, ya que son esas pequeñas omisiones las que han ayudado a construir esa imagen de autoridad de los grupos delictivos y tienen responsabilidad en el actual contexto de inseguridad.

“Empezó a permear en nuestros jóvenes, en nuestros niños, y hoy la consecuencia la pagamos porque la aspiración de un niño o de un joven es ser poderoso, pero no un poder de transformación, sino un poder de sometimiento y de violencia. Entonces, creo que tenemos que reinventar los valores desde esa primera etapa.”

Señaló que uno de los puntos críticos es el nivel secundaria–preparatoria, donde aumenta la deserción y los jóvenes quedan más expuestos y vulnerables a entrar en dinámicas delictivas.

Marina Flores Camargo, directora de Reinserta LAB, señaló que los grupos criminales comienzan a reclutar a niños y adolescentes desde los 9 u 11 años. Al principio, les asignan tareas como mensajeros, vigilantes o ladrones. Pero conforme crecen, sus responsabilidades se vuelven más peligrosas: desde los 12 años pueden custodiar casas de seguridad o transportar droga, y a partir de los 16 ya portan armas, participan en secuestros e incluso en homicidios.

Por ello, planteó una mayor participación del sector empresarial en programas de mentoría y acompañamiento educativo; dice que esta medida aborda y guiará a las infancias, no solo a aspirar a ser grandes empresarios, sino a ser grandes personas sumen día a día a la sociedad.

“Necesitamos recuperar eso, unir fuerzas entre el sector productivo y el sector educativo, porque de ahí viene el semillero de grandes delincuentes o de grandes líderes sociales.”

Esta entrevista forma parte del recuento realizado por ESPEJO sobre cómo es posible construir la paz en una ciudad marcada por la inseguridad, como Culiacán.

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