Al iniciar hoy la agenda de dos días en Sinaloa, la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá frente a ella la realidad de un estado que intenta salir adelante en un contexto adverso por la violencia de año y medio derivada del enfrentamiento entre narcotraficantes, la agonía del campo y demás actividades económicas y una sociedad que cae en el tobogán de la desesperanza.

Más allá de la obra material que traiga, la mandataria nacional verá la urgencia de rescatar el tejido social con intervenciones económicas, sociales y políticas que recalquen la presencia del Estado por encima de la acción criminal que intimida, somete y elimina a ciudadanos y sus actividades legítimas.

La producción agrícola, por ejemplo, es por sí misma el reflejo de la contradicción del desarrollo inhibido cuando más requiere Sinaloa una economía fuerte como contrapeso de la narcoguerra en curso, pues viene una cosecha de cinco millones de toneladas de maíz con la indefinición de precio y canales de comercialización adecuados.

En materia de seguridad pública, el recuento de las pérdidas se acerca a los 3 mil homicidios dolosos y 3 mil 500 privaciones ilegales de la libertad, y una cauda enorme de daños que necesita de la tranquilidad y justicia como única manera de empezar a reconstruir la paz y legalidad.

Los sinaloenses no esperamos discursos que hablen otra vez de soluciones futuras, la mayoría fundadas en expectativas irreales, sino de hechos que signifiquen las salidas de túneles sombríos en que estamos atrapados. El gobierno federal ha dado muestras en otras regiones del país de que sí puede cambiar la narrativa poniéndole fin al desánimo e inslatalando el entusiasmo y la motivación, por eso demamdamos que la tierra de los once ríos vuelva a ser la que necesitamos para vivirla y progresarla.