Viajar de la ciudad de Culiacán hacia el municipio de San Ignacio, por la carretera México 15, mejor conocida como “la libre”, es hablar de un trayecto de 2 horas con 43 minutos, 183 kilómetros. Cruzar este trayecto, en un principio, puede generar la expectativa de cruzarse con un hecho delictivo, pero el viernes 27 de febrero el trayecto se sintió diferente.
La presidenta Claudia Sheinbaum estaría en San Ignacio; blindaron la carretera y el municipio. Sin embargo, al irse, se llevó consigo toda la seguridad que su visita trajo.
Para salir de la capital de Sinaloa fue necesario cruzar cinco retenes militares, el último sobre la sindicatura de Higueras de Abuya. Desde ahí el camino fue completamente despejado, con baja presencia de militares pero alta actividad obrera interviniendo la vialidad. Así continuó por más de 36 kilómetros, hasta que a la altura del cruce que da entrada a las comisarías de Cosalá apareció la primera presencia gubernamental fuera de Culiacán.
No era una barrera pequeña.
Eran tres camionetas cuidando el transito.
Ahora, el camino ya no era ligeramente invadido por chalecos verdes fosforescentes, sino por portadores de armas largas con uniforme militar. Estos, entre los que se ubicaban elementos del Ejército Mexicano, Guardia Nacional y Policía Estatal, iban en aumento mientras se acortaba la distancia a San Ignacio.
Eso se hizo notorio al llegar al Crucero de Piaxtla, poblado de San Ignacio, donde la presencia militar era altísima. Lo mismo en el crucero a Coyotitán. En El Carmen, El Lodazal. El camino a la cabecera municipal estaba siendo cuidado.
No solo se trataba de elementos de seguridad, sino también de afluencia.
La gente llegó en autobuses de distintos lugares para ver a la presidenta; algunos habían viajado desde Mazatlán, Elota y distintas sindicaturas de San Ignacio, lejanas a la cabecera municipal. La mayoría eran camiones grandes con espacio suficiente para 30 personas, todos al tope de simpatizantes.
Algunos, dicen, tomaron el camión al mediodía. El evento estaba programado para la 1:00 de la tarde, pero fue recorrido, por motivos desconocidos, hasta las 3:00 p.m. Aun así, la gente se quedó y esperó. La cabecera municipal se llenó por una aparición presidencial que no superó los 30 minutos.
San Ignacio no suele verse así y, cuando Sheinbaum se marchó, se notó el cambio.
La gente que llegó en autobuses se amontonaba en una fila desorganizada para subir al vehículo y moverse; entre murmullos, decían que temían que “les agarrara lo oscuro” en el camino. Los camiones en fila cruzaban el arco de la entrada municipal, dejando las calles vacías y silenciosas.
Estaba por oscurecer y se acercaba la hora de un toque de queda autoimpuesto por los sanignacienses. Según comentaron, después de las nueve de la noche no hay nadie en las calles. Afirmaron que la situación de inseguridad en la cabecera municipal se ha visto tranquila desde diciembre del año pasado y que las condiciones de violencia están asentadas hacia las periferias y zonas rurales; quedarse en casa es una medida que han implementado para cuidarse entre ellos mismos.
De camino de regreso, la gran cantidad de personal militar que protegía la carretera estatal libre SIN-006 disminuyó considerablemente.
Los uniformados comenzaron a retirarse de la cabecera municipal, dejando solo a los soldados y policías locales. Ya no estaban en El Lodazal. Sobre la caseta de espera de camión del poblado de “La Labor” había hombres armados, no precisamente militares. Se fueron de El Carmen. Aparecían sutilmente de camino a Coyotitán pero solo iban de paso.
La gran barrera del Crucero de Piaxtla y la entrada a las comisarías de Cosalá ya se habían ido. La carretera volvió a la normalidad.
El camino también se oscureció a causa de la noche. Ahora, las torretas encendidas ya no se sentían como un aviso de presencia militar, sino que te hacían preguntarte internamente: ¿Pasó algo? ¿O está pasando algo?
Esta es la tercera ocasión que la presidenta está en Sinaloa, la primera vez en San Ignacio. La visita duró poco menos de una hora.
En ese poco tiempo se brindó seguridad a un tramo de carretera donde, desde el 9 de septiembre de 2024, cuando inició la guerra del narco en Sinaloa, se han localizado más de 40 personas sin vida.
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