Esta semana, Latinometrics, que es una plataforma de periodismo de datos, a través de su boletín compartió una publicación con el título de Juventud Informal. El tema me llamó la atención por su pertinencia y aunque ya lo traté en una ocasión en este espacio, me parece que hay datos y perspectivas nuevas desde las cuales convendría abordarlo de nuevo. La ocasión es propicia también para compartirles algunos de los resultados del trabajo final del curso de Econometría Avanzada, específicamente en el módulo de Econometría Espacial, desarrollado por mis alumnos de la Maestría en Ciencias Económicas y Sociales (MCES) que ofrece la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Primero, precisar que la informalidad laboral (adulta o juvenil) es una condición en la que los trabajadores están empleados en actividades económicas que no están reguladas ni protegidas por las leyes laborales y las normativas vigentes. Se considera que la informalidad es un síntoma de la baja productividad y del poco desarrollo de un país o una región. Generalmente está ligada con el desempleo, el ambulantaje, la falta de tecnología y la carencia de seguridad social, así como con los efectos negativos en la recaudación fiscal.
Una búsqueda muy básica realizada en Google a través de IA revela que la informalidad laboral entre los jóvenes, la que me interesa analizar, es un fenómeno multicausal cuya presencia está explicada por la combinación de barreras estructurales del mercado, deficiencias educativas y marcos regulatorios complejos. Para acercarnos a los datos, se estima que en América Latina el 60 por ciento de los jóvenes trabaja en la informalidad, una cifra que supera ampliamente el promedio de la población adulta.
Los factores educativos y de capacitación, por ejemplo, tienen que ver con el bajo nivel escolar y la llamada brecha de habilidades que se refiere a la desconexión entre las competencias que poseen los jóvenes y las demandas actuales de las empresas formales, que cada vez más priorizan el pensamiento analítico y la alfabetización tecnológica. El comportamiento del mercado laboral es también un factor que explica las altas tasas de informalidad entre los jóvenes. El mercado laboral impone barreras cuando existe una falta de oportunidades formales (la economía no genera suficientes puestos de trabajo decentes para absorber a la nueva fuerza laboral); cuando está presente una baja productividad empresarial (muchas firmas operan en la informalidad debido a su baja complejidad económica) lo que las lleva a contratar personal fuera de los marcos legales para reducir costos y; cuando existe discriminación por edad y experiencia (el desempleo juvenil suele ser hasta tres veces más alto que el de los adultos lo que empuja a los jóvenes a aceptar trabajos precarios o temporales ante la falta de alternativas).
Pero existen también factores estructurales y regulatorios. Estos se refieren a la presencia de marcos regulatorios complejos (el exceso de regulaciones, sistemas impositivos complicados y la dificultad para abrir negocios formales incentivan tanto a empleadores como a jóvenes emprendedores a permanecer en la informalidad) y; de rigidez laboral y costos (la rigidez en las contrataciones y los altos costos asociados a la seguridad social pueden desincentivar la formalización de trabajadores primerizos). Estos factores se refieren también al complejo fenómeno de la informalidad dentro de la formalidad, que se presenta cuando los jóvenes trabajan en empresas legalmente constituidas pero no tienen prestaciones ni seguridad social. Se estima que en México hay aproximadamente 3.3 millones de jóvenes en esta situación.
Finalmente, no menos importantes son los factores demográficos y sociales que tienen relación con el gran volumen de población joven que existe en México y Latinoamérica. Además, muchos de estos aceptan empleos flexibles o mal remunerados mientras continúan sus estudios o apoyan al hogar. Adicionalmente abona también a la informalidad juvenil la migración rural-urbana que empuja a los jóvenes a las ciudades, en las que generalmente terminan en el sector de servicios de baja productividad.
Con el 67 por ciento de sus jóvenes en la informalidad, Latinometrics ubica a México en el lugar 11 en el conjunto de los países de América Latina. Destaca en su análisis que en ningún otro lugar de la región la informalidad es un problema tan grave para los jóvenes como en Bolivia. En este país, menos del 5 por ciento de los trabajadores jóvenes cotizan a la economía formal. Esto implica menos ingresos fiscales para el Estado, pero también una falta de protección para estos jóvenes adultos: no tienen días de baja por enfermedad ni prestaciones de compensación laboral si se lesionan en el trabajo. Señala también, que el problema de informalidad es tan grave en América Latina, que incluso Uruguay, el país con mejor desempeño en América Latina, tiene 20 veces más trabajadores jóvenes fuera de la formalidad que el peor país de Europa.

En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, en el tercer trimestre del 2025 la Tasa de Informalidad Laboral de la población de 15 a 29 años es de casi 60 por ciento. Es decir, esta es la proporción de la población juvenil ocupada laboralmente vulnerable. Para dimensionar, la tasa de informalidad para la población total es de 55.4 por ciento.
Por regiones, en todas las entidades federativas la población más joven enfrenta tasas de informalidad superiores al promedio de toda la fuerza laboral. La brecha más grande corresponde al estado de Zacatecas en donde la diferencia entre el porcentaje de jóvenes en la informalidad, sin prestaciones sociales, es de casi 11 puntos porcentuales cuando se le compara con el promedio de toda la fuerza laboral.
Hay entidades federativas en las que casi todos (ocho y nueve de cada 10) los jóvenes tienen un trabajo informal. Son los casos de Oaxaca (88.3%), Chiapas (84.7%), Guerrero (83.7%) y Puebla (77.0%). Cifras muy cercanas a las que existen en Bolivia y Guatemala. El porcentaje es muy alto también en Michoacán (76.8%), Tlaxcala (76.3%), Hidalgo (75.8%), Tabasco (75.2%) y Veracruz (73.3%). Los porcentajes más bajos se observan en Coahuila (33.1%), Nuevo León (35.0%) y Baja California (39.6%). Cifras que se asemejan a las de Uruguay y Costa Rica, en América Latina.
El análisis realizado por los alumnos de la MCES permite observar que la informalidad en los jóvenes tiene un componente territorial o espacial, en tanto las entidades con las tasas más altas se encuentran en la región sur-sureste del país, mientras que las entidades del norte presentan las tasas más bajas. Esta situación permite identificar lo que en estadística y econometría espacial se llama autocorrelación o dependencia espacial positiva. Se presenta cuando las entidades federativas tienen como vecinas entidades en la misma condición, en este caso, con un nivel similar de informalidad juvenil.El estudio del comportamiento de la informalidad reveló también que existe una alta y significativa correlación negativa entre el nivel de escolaridad y la complejidad económica de las economías subnacionales. Esto es, se confirma que las entidades con mayor (menor) nivel educativo y mayor (menor) complejidad económica son las entidades que presentan las tasas más bajas (altas) de informalidad para la población entre 15 y 29 años. Para el nivel educativo se utilizó el porcentaje de la población que cuenta con estudios profesionales y para la complejidad económica el peso de la industria manufactura en la estructura productiva de las entidades federativas.

El estudio de lo que en econometría espacial se llama gráfico condicional, permite aislar en un solo mapa a los estados que cumplen con una doble condición, ser las entidades con el mayor (menor) nivel educativo y al mismo tiempo contar con las estructuras productivas más (menos) complejas. En un caso (el mapa de izquierda) se observa que al mismo tiempo se trata de entidades (Nuevo León, Tamaulipas, Querétaro) con niveles bajos de informalidad laboral entre los jóvenes, mientras que en el otro (el mapa de derecha), solo aparecen los estados (Chiapas y Guerrero) con las tasas más altas de informalidad para la población de 15 a 29 años.

No me extiendo más aunque el estudio de los alumnos de la MCES de la FACES incluye resultados formales y discusiones teóricas y técnicas que escapan a los propósitos del presente análisis. Solo señalo que los modelos econométricos espaciales estimados confirman que la informalidad juvenil es un fenómeno regional y que, en consecuencia, la mayor o menor intensidad de su presencia en una entidad, termina impactando, para bien o para mal, la condición prevaleciente en los estados vecinos.
La informalidad laboral es un problema estructural que tiene una mayor presencia en la población joven y en las entidades del sur de país. Por eso cualquier estrategia que se instrumentara para enfrentarla debería tomar esto en cuenta. La informalidad debe reducirse principalmente para combatir la pobreza laboral, para garantizar derechos laborales y seguridad social (salud, pensiones) a millones de trabajadores, para reducir la baja productividad e impulsar el crecimiento económico. También para aumentar la recaudación fiscal y así poder financiar mejores servicios públicos. Para reducir la informalidad laboral, especialmente en la que se encuentra la población joven, se requiere atender los factores educativos y de capacitación, los estructurales y regulatorios y, los demográficos y sociales, a los que antes me referí.
Dedico esta colaboración a Alejandra, Lizbeth, Marianela, Brandon, Jennifer y Dulce, mis alumno(a)s del curso de Econometría Avanzada en la Maestría en Ciencias Económicas y Sociales que ofrece la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Referencias
Arredondo-Lezama, L. M., Villar-Andia, P., Tasayco-Peñaloza, A. A., & Castillo-Quintero, E. (2023). Informalidad laboral: Un análisis integral de las causas y factores que perpetúan su existencia. Revista Arbitrada Interdisciplinaria Koinonía, 8(1), 269–286. https://doi.org/10.35381/r.k.v8i1.2785
Robles Ortiz, D., & Martínez García, M. Ángel. (2018). Determinantes principales de la informalidad: un análisis regional para México. Región y Sociedad, 30(71). https://doi.org/10.22198/rys.2018.71.a575
INEGI (2026). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
Latinometrics (2026). Informal Youth.

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